09 febrero 2008
29 enero 2008
COMO DICE MAURICIO CARRERA
En el mármol de los amores que perduran grabo los detalles que te hacen único... Tu piel donde el polvo de estrellas se confunde con el durazno maduro... Tu sonrisa que es como la primera cosa buena tras la mala racha en que nos puso el cielo...
... Llegaste a mi vida de manera súbita, repentina. No lo esperaba, absorta en lamerme las heridas de los amores maltrechos y deseosa de caricias y nombres que no dejaran huella. Te apareciste con tu ala rota... con tu desfile de poemas de soledad y compañía, con tus pasados que no me pertenecen y tus futuros que reivindico como míos.
... No tenía ni un atisbo que augurara tu arribo a mi insignificante estar arrojada en el mundo, y ahora eres más que lluvia, y la ola, más que mis cantinas y mis triunfos... más que mis memorias de otros latidos que me marcaron, más que mi proceder de trotamundo y de aventurera en urbes desconocidas, naufragios o tiburones azules, más que la alegría de un día con pan, más que las estrellas, más que mis libros y más que yo misma cuando sonrío y me creo inmensa porque existes y porque te conocí.
En ese mármol, el de los amores que perduran, grabo tu nombre... El aroma y el tintineo de convertir la vida astillada, mis fragmentos en penumbras, el dolor de los alfileres en el alma, la ruina de lo que no fue, las batallas perdidas y los fracasos cotidianos, en otra esencia: la del amor benévolo y comprometido, la de tu fuerza enorme para ser tú mismo y rescatarme de los asombros de mi propio abismo.
... Llegaste a mi vida de manera súbita, repentina. No lo esperaba, absorta en lamerme las heridas de los amores maltrechos y deseosa de caricias y nombres que no dejaran huella. Te apareciste con tu ala rota... con tu desfile de poemas de soledad y compañía, con tus pasados que no me pertenecen y tus futuros que reivindico como míos.
... No tenía ni un atisbo que augurara tu arribo a mi insignificante estar arrojada en el mundo, y ahora eres más que lluvia, y la ola, más que mis cantinas y mis triunfos... más que mis memorias de otros latidos que me marcaron, más que mi proceder de trotamundo y de aventurera en urbes desconocidas, naufragios o tiburones azules, más que la alegría de un día con pan, más que las estrellas, más que mis libros y más que yo misma cuando sonrío y me creo inmensa porque existes y porque te conocí.
En ese mármol, el de los amores que perduran, grabo tu nombre... El aroma y el tintineo de convertir la vida astillada, mis fragmentos en penumbras, el dolor de los alfileres en el alma, la ruina de lo que no fue, las batallas perdidas y los fracasos cotidianos, en otra esencia: la del amor benévolo y comprometido, la de tu fuerza enorme para ser tú mismo y rescatarme de los asombros de mi propio abismo.
30 noviembre 2007
NOSTALGIA
Hoy amanecí nostálgica, extrañándote.
Extrañando esas horas que pasaba escuchando lo que decías,
tu sonrisa y esos ojos que nunca supe si eran verdes o grises.
Sentí nostalgia de la música que ponías para mí, de nuestras lecturas,
de esos besos que ya no te di, de los abrazos que no acabaron
con el frío de tu alma ni de la mía.
27 noviembre 2007
A CADA LATIDO
No quiero que mi corazón siga latiendo porque irremediablemente con cada latido estaré más cerca de la muerte, sin embargo tampoco puedo querer detener el tiempo porque con él se detendría mi corazón. La muerte que está en la inmovilidad del tiempo es la misma a la que se llega con cada latido, aquella que se encuentra entre el siempre y el jamás.
18 noviembre 2007
Y QUISE SER INSTRUMENTO DE CUERDAS...
Ayer, llegué por casualidad a esa explanada, hacía calor y había mucha gente. Ahí estaba el escenario, caminé y sin darme cuenta me encontré entre la multitud. Inesperadamente, te vi; tenías un rígido gesto y un gran tamaño que por momentos te hacía parecer torpe. Mi sorpresa fue enorme al darme cuenta que a pesar de ello tocabas con una angelical delicadeza el contrabajo, tanto que quise, por un instante o por toda la eternidad, ser ese instrumento de cuerdas.
14 noviembre 2007
LA SERENATA DE NOSFERATU
Yo soy la imagen que tu espejo oscurece,
la sombra que cae dondequiera que pasas.
Yo soy el sueño que olvidar no podrás,
la cara que recuerdas y no viste jamás.
Yo soy la verdad que no debe ser dicha,
el voto a medianoche que no puede romperse.
Yo soy la campana que descuenta la hora,
el fuego que alumbra, calienta y devora.
Yo soy el hambre que tú has negado,
el deseo punzante que hiende tu costado.
Yo soy el pecado que nunca confesaste,
la mano prohibida que a tu pecho acercaste.
Tú me has oído dentro, hablando en tus sueños,
suspirando en el mar, murmurar en el río.
Yo soy el futuro que tú anhelas y temes.
Tú sabes lo que traigo. Y aquí hoy me tienes.
Dana Gioia
la sombra que cae dondequiera que pasas.
Yo soy el sueño que olvidar no podrás,
la cara que recuerdas y no viste jamás.
Yo soy la verdad que no debe ser dicha,
el voto a medianoche que no puede romperse.
Yo soy la campana que descuenta la hora,
el fuego que alumbra, calienta y devora.
Yo soy el hambre que tú has negado,
el deseo punzante que hiende tu costado.
Yo soy el pecado que nunca confesaste,
la mano prohibida que a tu pecho acercaste.
Tú me has oído dentro, hablando en tus sueños,
suspirando en el mar, murmurar en el río.
Yo soy el futuro que tú anhelas y temes.
Tú sabes lo que traigo. Y aquí hoy me tienes.
Dana Gioia
06 noviembre 2007
INMOVILIDAD
Esta soleada tarde, mientras estaba sentada en la banca de un parque, se detuvo una vez más el tiempo. Me gusta esa inmovilidad porque todo aquello que no sea la naturaleza y yo se congela, porque vuelvo a ser niña y puedo sentir la magia de la naturaleza; la delicada luz del sol, el viento que hace bailar rítmicamente a los árboles mientras sus hojas caen sobre mí como suave lluvia.
25 octubre 2007
EL AMOR ES UN PROCESO CREATIVO
Amanecí con el sol entre mis piernas. Ahora mis temores se evaporan. Me desdoblo para salir del paso. Tu rastro me ha llevado hasta tu luna, y mi luna, no sé por qué, ha curado mi piedra verde. Ya mis alas se han secado y me encuentro en otro orden de cosas. Ya la niña de mi texto no se recuesta a esperar. Ayer, por ejemplo, me descubrí otro deseo: He querido ser taquión, una partícula de velocidades infinitas para así estar en cada punto al que fijes tu mirada. Y más, he sabido que el movimiento se encuentra en la inmovilidad, que ahora me siento poco a poco omnipresente, así nos afectamos con cada marometa, cada vez que giras o cada vez que vuelo... Por eso pienso que quizá también amaneciste con el sol entre tus piernas y quizá por eso te pensé y tú llamaste.
(No recuerdo de dónde saqué este texto ni quién es el autor)
30 agosto 2007
DE PABLO NERUDA
Muere lentamente
quien evita una pasión
y su remolino de emociones.
Aquellas que rescatan
el brillo de los ojos
y los corazones decaídos...
quien evita una pasión
y su remolino de emociones.
Aquellas que rescatan
el brillo de los ojos
y los corazones decaídos...
08 agosto 2007
Los lobos en invierno
...uno sigue amando si insiste en amar, si decide seguir queriendo al otro, si persevera en ello pese a todo.
Creo que puedo entender el amor de Chandler... Entiendo el aislamiento del escritor, su incapacidad para relacionarse con los demás, su desarraigo. Y esa vida a veces infernal, pero, cuando menos, vivida en compañía. Como lobos que entrecruzan su aliento en el cubil y que se calientan mutuamente en la helada soledad de un largo invierno.
Rosa Montero
Los lobos en invierno
EPS
26 junio 2007
Distorsión
Húmeda imagen de la ciudad; vista a través de las maravillosas gotas de agua alojadas sobre la ventana del autobús y convertidas en lupas distorsionantes de colores y formas.
16 junio 2007
14 junio 2007
Del libro "Diablo Guardián" de Xavier Velasco
No sé si llegaste a mi vida con la misión expresa de rescatarme de una guillotina inminente, pero es cierto que tu llegada me salvó de escoger entre la muerte y la locura.
La locura: una cárcel distante cuyas puertas son tanto más nítidas cuanto menos uno se resigna a vivir en el horror. La locura no brota como una súbita infección en el cerebro. La locura es aquella enfermedad que sólo nos amenaza cuando ya sus uñas se han alojado en las entrañas, de modo que pelear contra ella es también despedazarnos el vientre, oprimirnos los pulmones, perder el miedo a la muerte como se pierden la inocencia y el amor.
El amor es un bien que no he perdido...
La locura: una cárcel distante cuyas puertas son tanto más nítidas cuanto menos uno se resigna a vivir en el horror. La locura no brota como una súbita infección en el cerebro. La locura es aquella enfermedad que sólo nos amenaza cuando ya sus uñas se han alojado en las entrañas, de modo que pelear contra ella es también despedazarnos el vientre, oprimirnos los pulmones, perder el miedo a la muerte como se pierden la inocencia y el amor.
El amor es un bien que no he perdido...
11 mayo 2007
06 mayo 2007
09 abril 2007
TUS PUPILAS
Cuando me percaté de tus ojos, esos ojos que no sé bien si son verdes o grises, o de ambos colores según la luz; fue cuando ya me habían llevado al abismo de tu alma y me hacían sentir
el vértigo en la mía, mientras observaba esa sorprendente e involuntaria acción de la dilatación de tus pupilas.
el vértigo en la mía, mientras observaba esa sorprendente e involuntaria acción de la dilatación de tus pupilas.
28 marzo 2007
Y SUPE QUE ERA PRIMAVERA
Entró la primavera y lo supe por el calendario, sólo por eso. No fue sino hasta hace unos días que la sentí mientras esperaba atravesar esa transitada avenida.
Miraba el semáforo para saber el momento oportuno de cruzar cuando de repente sentí el viento en la cara, no fue un viento brusco o salvaje sino rítmico y cadencioso que hizo bailar a los árboles del camellón. Árboles que no había volteado a ver en semanas y que, ahora, se movían al compás del aire soltando una colorida lluvia provocada por las jacarandas que caían sobre mí, causándome una extraña sensación.
Levanté el rostró y sentí el aire y la jacarandas. Fue entonces cuando supe, y no por el calendario, que era primavera.
Miraba el semáforo para saber el momento oportuno de cruzar cuando de repente sentí el viento en la cara, no fue un viento brusco o salvaje sino rítmico y cadencioso que hizo bailar a los árboles del camellón. Árboles que no había volteado a ver en semanas y que, ahora, se movían al compás del aire soltando una colorida lluvia provocada por las jacarandas que caían sobre mí, causándome una extraña sensación.
Levanté el rostró y sentí el aire y la jacarandas. Fue entonces cuando supe, y no por el calendario, que era primavera.
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